LO QUE NO ES LA #CLASEINVERTIDA…

Ya hace dos años que decidí poner manos a la obra y huir de la educación que creía alejada de las demandas y las necesidades de los jóvenes del siglos XXI, y sobre todo alejada del objetivo por el que se nos confiaban un grupo de alumnos cada año: el aprendizaje.

La clase invertida fue una de las descubiertas, y la adopción de este modelo pedagógico ha sido la apuesta de este último curso con mis alumnos.

Últimamente he podido asistir en diferentes cursos, seminarios y talleres, sobre innovación educativa y sobre la #flippedclassroom, y me he dado cuenta de que a menudo esta última estrategia pedagógica no ha sido bien recibida.

Son muchos los post y artículos que hablan, y algunas veces la reducen a una simple moda o bien a un recurso alejado de la innovación educativa que muchos de nosotros perseguimos. Quizás no hemos sabido transmitir correctamente qué es y cómo funciona esto de la clase invertida, pero lo cierto es que muchos docentes se quedan sólo con el concepto de inversión y por tanto de la publicación del vídeos. Y no es esto.

La clase invertida no es sólo grabar vídeos.

Si entendemos la clase invertida como una estrategia o modelo de innovación educativa que pretende poner fin al la enseñanza tradicional, que pretende la llegada de la motivación y el aprendizaje en el aula, que pretende fomentar la creatividad, el trabajo activo , el trabajo colaborativo, entre otros … pienso que reducirla a la grabación de los vídeos y la realización de las actividades en el aula es insuficiente o cuando menos no encaja con mi idea de hacia donde debería ir la educación.

Los videos no lo son todo. Entiendo la clase invertida como un modelo que me permite integrar un conjunto de estrategias, es decir supone la transferencia de la transmisión de contenidos (por sí solos no generan aprendizaje) en casa, a fin de resolver dudas, elaborar proyectos, y aprender haciendo en el aula. Es decir, la gracia está en la posibilidad de liberar el tiempo que antes dedicaba a la explicación de los contenidos, y invertirlo en crear un espacio de trabajo y de aprendizaje. Damos la vuelta al espacio y el tiempo, y lo dotamos de actividades y estrategias innovadoras como pueden ser el aprender haciendo, la gamificación, el m-learning, …

Así pues los vídeos no son nada más que el contenido sobre el que posteriormente en el aula realizamos estas actividades. El resultado, entre otros, es un profundo cambio del rol del profesorado. El docente cede el espacio y el tiempo del aula a los protagonistas del aprendizaje y se convierte en diseñador de actividades y experiencias, en guía y acompañante del trabajo que van realizando. El docente se convierte también en observador de este proceso, observación que le permite canalizar dudas, atender la diversidad, gestionar las potencialidades y las debilidades de grupo e individuales, gestionar las emociones, ….

En definitiva, la gracia de esta nueva manera de trabajar recae en cómo llenamos el espacio y el tiempo que los vídeos y las explicaciones nos han cedido.

 

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