PODER, GESTIÓN, Y METODOLOGÍA EN EL AULA…

Ryan McGuire. gratisography.com

Leía estos últimos días un muy buen artículo de Boris Mir titulado “Poder en el aula, coacción o influencia” que me hizo pensar, y mucho, no sólo sobre el poder y la autoridad del docente en las aulas, sino como y de qué manera podemos establecer una relación directa con la gestión del aula y la metodología empleada. Me explico.

De manera breve pero muy acertada, el artículo hace una descripción de los dos tipos de poder que un docente puede ejercer en un aula. Enseguida hice un ejercicio de introspección y valoración de lo que últimamente estoy experimentando, y establecí una correlación entre estos poderes y las metodologías educativas y la gestión del aula.

Me di cuenta que el cambio metodológico llevaba a una transformación de la gestión del aula y finalmente a un cambio del rol del profesor y del poder que éste ejerce.

Por un lado, aquel poder que se nos ha otorgado por imperativo social, cultural e incluso legal, es decir el de la coacción. Aquel poder que se deriva de la autoridad explícita y sin hacer uso de muchas más estrategias que el de las órdenes e instrucciones, acaba por imponer todo lo que un docente desea. Es el poder que se corresponde con una determinada manera de trabajar en el aula, el método tradicional, centrado en la transmisión de información y contenidos, la centralidad del docente y la pasividad del alumnado. Es una metodología que lleva al aburrimiento, al simulacro de aprendizaje, y lo que es peor a la desmotivación. En este sentido la gestión del aula pasa irremediablemente por el control por parte del profesor del ritmo de trabajo, los contenidos, la ordenación del espacio y de todo lo que pasa en el aula. Nada se le escapa y todo queda bajo su dominio. No hay pedagogías invisibles. El docente explica y los alumnos “escuchan en silencio”, los alumnos hacen ejercicios “en silencio” y luego los corrigen “en silencio” “que es como mejor se trabaja y se aprende”. Como bien dice en el artículo “las cosas pasan”, los contenidos se explican y poco más … Lo que obtenemos pues, es un aula gris, donde los alumnos y profesores quedan atrapados por una dinámica de aburrimiento y desmotivación , y que a menudo es fuente de conflictos de toda clase.

En cambio, el otro poder, el de la influencia requiere de una metodología y una gestión del aula absolutamente opuesta. Una manera de trabajar activa, colaborativa, en la que el centro de gravedad está en el alumnado. El rol del profesor ya no es el de imponer, ordenar, sino que el control del aula se ejerce mediante la capacidad de guiar, escuchar, acompañar, estimular, facilitar,…. en definitivainfluenciar o poner las herramientas para que sean ellos que descubran, que construyan. Así es como aparece la motivación y sucede el aprendizaje. Y así es como la gestión del aula y la relación con los alumnos deviene más sincera, democrática y transparente.

La experiencia vivida en el último año así lo corrobora. Ha sido abrir las puertas al cambio metodológico y a la innovación, y observar por un lado, como poco a poco se han ido transformando las relaciones entre ellos y conmigo. Se muestran más abiertos y más confiados; aceptan mejor las propuestas, y se toman las tareas con más motivación. En este sentido, el ambiente distendido facilita el trabajo y rebaja por tanto la tensión y el aburrimiento, origen de muchos de los conflictos en las aulas de hoy en día.

Y por otro, comprobar que con estas condiciones el aprendizaje sucede, y que en última instancia, es la tarea que se nos encomienda a los profesores.

 

 

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